Partido de las arepas de maíz molientes, partido de las arepas de harina comientes

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Hola amigos y amigas y, en cual de estos dos partidos milita usted… ¿Que no lo sabe? vaya que lavativa, entonces es usted bien dudoso y confundido. No se preocupe pues, que antes de que usted me diga terminara mas clarito que sancocho de sardina.

Yo soy fielmente convencido que pertenezco a la causa de los que defendemos el maíz molido, aja ¿por que?

Todo comenzó desde que era un niño, cuando maíta me daba tetero de agua de maíz sancochada igualito que a un cochino, ella pensaba si esta aguita es tan sabrocita y milagrosa, a la hora de engordar a los puercos, a los muchachitos los pone luciecitos y les da una fuerza poderosa de mil kilovatios de energía. Aunque aquellos teteros de agua de maíz, tenían el sabor de la primera leche de teta, especita y bien cremosa que por vez primera llegó a mi boca.

Conjuntamente con el aguita de maíz, la arepita con mantequilla, el suero, el queso o la natillas, que vaina pa fina. Daba gusto saborear con cuidadito aquella masa gruesecita, con las conchitas del maíz que combaten el colesterol y te llenan la barriga.

Este delicioso manjar del maíz molido, ayudaba a crear conciencia americanista, claro es autóctono, crea sentido de pertenencia, arraigo cultural y soberanía. Mientras que el pan de piquito, aunque era sabrocito requería harina importada y cocina con hornito en la casa no existía.

Así fui creciendo entre molidas y molidas, recibiendo carajazos en los codos, o si no en las rodillas, cuando la manigueta se resbalaba o el mango se salía… como buen muchacho holgachón expresaba una grosería:-¡Concha de su madre carajo!.. Aquella agua de maíz, un lejano sabor a teta tenía. Ya siendo un joven apuesto, atlético y guachamaron, sin una solita espinilla, la aguita era expresamente fermentada y mientras mas se añejaba, uno mas se encariñaba por el rico efecto que tenía: la cabeza te calentaba igual que el palo de de ron cuando cae en la barriga ¡vaya que vida! buena alimentación, buena vibra, con constancia y alegría.

Todo se derrumbó cuando apareció en la alacena de la cocina, un paquetito bien bonito, amarillito, y la imagen de un mujer con pañoleta «despojada de la ideología». Y pregunte a maíta:- ¿Qué vaina es esa que esta guardado alla arriba? Ella muy foronda me respondió:- Ay mijito es la famosa harina precocida, para aprovechar el tiempo en la cocina con arepas rapiditas, suavecitas y bien divinas. Ese día casi lloré, de pura melancolía digestiva. Aquella arepita no llenaba, no caía plomo desde la boca hasta la barriga. Me hizo sentir como un becerro destetado que de la noche a la mañana pierde la fuente de su vida.

Así fui envejeciendo entre polvito y mas polvito, triste y abatido. Adiós mi molinito de mi infancia, adiós mi molinito de mi vida, adiós mis carajazos mañaneros, adiós mis guarapazos de tequila, adiós a mis vecinitos compañeros, adiós mis nutritivas vitaminas, adiós a mi soberanía alimentaria, adiós a mi fermentosa chicha andina.

mc_hernanb@yahoo.com

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