El problema no es la globalización fallida, el problema es el capitalismo neoliberal globalizado

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Mucho se habla de las “bondades y los beneficios económicos” de la implementación de los tratados de libre comercio y de la globalización, que si mejora la eficiencia económica, que si aumenta la inversión y el empleo, que si amplia el mercado de consumo, que si propicia el crecimiento de la economía global entre otras cosas, sin embargo ¿quién habla y a quien le duele cuando un trabajador se queda sin empleo, porque la fábrica para la cual trabaja decide irse a otro país en búsqueda de mayor rentabilidad económica?, o ¿quién habla o a quien le duele cuando esta misma fabrica se instala en una país y se le permite contratar trabajadores por míseros salarios y horarios laborales extenuantes?.

Los tratados de libre comercio tales como el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión EEUU-Europa (TIP), el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP), el Acuerdo Económico y Comercial Global Canadá-Europa (Ceta) y el ya conocido Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), guiados por la lógica del capitalismo neoliberal globalizado, tienen un típico comportamiento que en teoría de juego se denomina Suma Cero, alguien pierde y alguien gana, por eso se habla de libre competencia (no tan libre por supuesto), o alguien piensa inocentemente que todo seremos ganadores. Los capitalistas ganan siempre o en la mayoría de los casos, ellos tiene libre movilidad y el poder económico-financiero y político, los obreros pierden en la mayoría de los caso, sino en todos y estos obreros pueden ser de Asia, de los Estado Unidos, de Europa o América Latina.

La globalización trae innumerable consecuencias, positivas y negativas, de esto se ha escrito mucho, lo que es innegable es que esta no es solo un fenómeno económico, también los es socio-cultural, y político. Toda decisión económica lo es también política y trae consecuencias de las cuales, aunque se ha hablado y escrito suficiente poco se ha actuado. Las guerras, los flujos migratorios desbordados, los procesos de deterioro de las condiciones de vida, la acumulación de las riquezas en pocas manos, el patriarcado, la destrucción de la tierra y lo que en ella habita, son fenómenos socio-culturales y políticos que ha tenido sus raíces en buena parte en decisiones con profundo intereses económicos.

Desde el Sur hemos antepuesto a la globalización y los tratados de libre comercio centrado en la competencia salvaje, la cooperación, la integración y la complementación, no estamos empeñados en el crecimiento y desarrollo económico a costa del sufrimiento del otro, tanto vale un campesino productor de papas en Venezuela, como el campesino productor de papas en Colombia o Canadá, en definitiva todos somos seres humanos y es a la vida plena a la que apostamos, tampoco estamos interesados en retroceder a tiempos feudales, a vivir en manadas, ni en pequeños espacios cerrados, si en comunidad y en el intercambio solidario con un profundo reconocimiento del otro.

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