Detenidos comen auyama sancochada, pan o patas de pollo apenas una o dos veces al día, pues a sus familiares no les alcanza el dinero para cubrir los tres platos diarios.
Caracas. Entre la oscuridad, el mal olor, los insectos y el silencio pasan sus horas. Se turnan para dormir en el piso, sin sábanas ni almohadas. Y así como adoptaron estas formas de convivencia también se acostumbraron a ser solidarios a la hora de comer.
“Aquí pasa hambre el que está dentro y el que está afuera también”, dijo uno de los reos.
La contextura de algunos detenidos ya casi luce como una caricatura de piel sobre el hueso.
Entre la oscuridad, el mal olor, los insectos y el silencio pasan sus horas. Se turnan para dormir en el piso, sin sábanas ni almohadas.Son 50 hombres en un espacio diseñado para 20 que esperan cupo en una cárcel, que continúe su juicio o al menos que se inicie. Los detenidos que no tienen familiares no reciben comida y deben alimentarse por medio de lo que les dan sus compañeros.Algunos de los detenidos temen tener tuberculosis o sarna.Rompen los cuellos y mangan de las franelas, para hacer pulseras y distraerse dentro de sus celdas.Reos contaron que deben colectar agua para bañarse y cepillarse, y está en mal estadoEn los calabozos de Santa Lucía hay varios mayores y menores de edad, entre ellos un señor que estaba en situación de calle y fue detenido por robar cauchos. El hacinamiento, las condiciones de salubridad y poca alimentación violan los derechos humanos de los reos en estos espacios diseñados para albergar a reclusos por al menos 48 horas.“No voy a recibir en una cárcel a una persona que no esté en juicio, tiene que estar en juicio y tener su tribunal asignado. A los penados los esconden porque les cobran para trasladarlos, por ejemplo”, sostuvo la Ministra Iris Varela el 07/11/16. Muchos de los detenidos en calabozos ya estan sentenciados y otros esperan por su juicio desde hace meses.70 % de los detenidos que son de Los Teques no reciben cena. Entre la oscuridad, el mal olor, los insectos y el silencio pasan sus horas. Se turnan para dormir en el piso, sin sábanas ni almohadas.Los funcionarios que custodian comentaron que a veces reciben visitas de grupos de cristianos que hacen donaciones de alimentos con lo que algunos, finalmente, pueden comer.Los platos resueltos como milanesa o carne con arroz se acabaron. El director de Polimiranda, comisario Elisio Guzmán, indicó que no hay disponibilidad presupuestaria para alimentar a los reclusos y, de tenerla, sería muy difícil conseguir productos regulados al precio legal para los 237 detenidos que hay en la entidad.“Mi miedo es que en los calabozos pase algo irreversible por la falta de alimentación”, subrayó Guzmán, comisionado agregado del Centro de Coordinación Policial Número 5 de PoliMiranda.