¡A prepararse!, una reflexión del monseñor Mario Moronta

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ND / nota de prensa / 23 nov 2016.- El obispo de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta, publicó este miércoles una reflexión a propósito de celebrarse este domingo 27 de noviembre el primero Domingo de Adviento.

A continuación el texto completo de la reflexión, titulada A prepararse.

La vida cristiana se entiende como un camino hacia el encuentro definitivo con Dios en la plenitud eterna. Sin embargo, se requiere de tener la actitud del peregrino que va hacia ese encuentro, viviéndolo también en la práctica de la comunión con Cristo y con los hermanos. El salmista nos sugiere de manera clara hacer ese camino con alegría: “que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”.

Este es nuestra vocación desde el bautismo cuando fuimos introducidos en el camino de la novedad de vida. Vamos a la casa del Señor simbolizada de muchas maneras y figuras. Una de estas es la de Jerusalén, ciudad santuario de La Paz. La Iglesia representa esa Jerusalén definitiva del cielo.

Todos estamos invitados a alcanzar la plenitud. Incluso los paganos a quienes Dios mismo los atrae con la luz de su sabiduría. En ese caminar, entre otras cosas, se nos invita a estar preparados. Jesús también viene a nuestro encuentro. Él es el alfa y la omega. El alfa o principio que con su acción pascual nos introdujo en ese camino hacia la salvación. La omega que desde la eternidad de su trono nos atrae como un imán hacia el encuentro definitivo con Dios uno y trino.

Por eso se requiere estar continuamente preparados dejando a un lado lo que nos estorba: la oscuridad del pecado, la división y la guerra, el estar dormidos y despreocupados. San Pablo nos lo advierte de manera precisa: “Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”.

Hay que dejar todo lo que nos impida llegar a la meta y transitar adecuadamente por el camino de la novedad de vida. Esto conlleva cambiar las espadas en arados y decidirnos a una vida correcta que renuncie a lo que nos impide crecer como nos lo enseña el Apóstol: “Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo”.

Al iniciar el nuevo año litúrgico, el tiempo del adviento nos ayuda a tomar conciencia y asumir en la práctica todo lo antes indicado. Es tiempo de esperanza. La esperanza no se reduce a una “espera” de soluciones mágicas o de alguien que venga a resolver nuestros problemas o llevarnos en sus brazos a la meta. La esperanza es un don de Dios que nos permite caminar hacia adelante revestidos de Cristo, es decir con una plena comunión con Él. Así no sólo celebraremos de una manera particular la Navidad sino que estaremos dando un nuevo impulso a nuestra peregrinación. Es lo que significa también estar preparados. Así podremos hacer realidad lo que Isaías nos propone: “caminemos en la luz del Señor”.

Mario Moronta R.

Etiquetas: Adviento | domingo | Mario Moronta | monseñor

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