¡Vamos a saquearlo!

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Ese fue el comentario de varias personas en las puertas de un abasto ubicado en la parroquia Sagrario de la ciudad de Mérida, molestas porque llegó una importante cantidad de harina de maíz y no fue vendida en su totalidad, sino que se reservó una parte para los funcionarios policiales que cuidaban el local, para las autoridades de la parroquia (comenzando por el prefecto), y quizá para ciertos personajes del oficialismo y de la dizque oposición. Y  en verdad esas personas se notaban deseosas de lanzarse a la aventura del saqueo, y sólo se contuvieron debido a que no contaron con el apoy

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