El fin de Occidente como lo conocemos

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Traducción desde el inglés por:

Sergio R. Anacona

 

La increíble, conmocionante y asombrosa elección de Donald J. Trump no solo es un masivo punto de inflexión en la historia de Estados Unidos. También es el fin de una era para el Orden Global pos II Guerra Mundial liderado por Estados Unidos y marca el comienzo del crepúsculo del liderazgo global norteamericano.

Las repercusiones de esta elección presidencial se harán sentir durante años y tendrán profundos efectos en la política mundial. La política del Sr. Trump «Estados Unidos Primero», y el aislacionismo harán que Estados Unidos abdique y eventualmente pierda su papel de Policía del Mundo y su status preeminente de superpotencia.

El presidente electo Donald J. Trump ha cuestionado y denigrado abiertamente a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN. Se producirán grandes tensiones y fisuras dentro de la OTAN a raíz de la llegada de Donald J. Trump y del Trumpismo en la política exterior norteamericana. El Sr. Trump sacará a relucir el enorme desequilibrio existente en el financiamiento de la OTAN. Estados Unidos aporta más del cincuenta por ciento de los fondos de la OTAN mientras que otros miembros europeos han sido capaces de acogerse bajo el paraguas de la defensa de Estados Unidos-OTAN sin tener que pagar su justo aporte. Esto ha sido disimulado y tolerado por varios gobiernos norteamericanos, tanto republicanos como demócratas. Ahora, no obstante, si Trump mantiene sus anteriores pronunciamientos acerca de la OTAN podría significar un gran sacudón para la OTAN y quizás hasta el quiebre de esta.

Trump declaró durante una concentración electoral el verano pasado que a él le gustaría «mantener la OTAN pero yo quiero que ellos paguen (refiriéndose a los otros estados miembros europeos). No quiero que se aprovechen de mi». De manera muy rigurosa, Estados Unidos gasta el tres por ciento de su producto interno bruto en sus fuerzas armadas mientras que el resto de la OTAN promedia solo el 1,4 por ciento de su producto interno bruto, incluso habiéndose comprometido formalmente a un dos por ciento. Y las consecuencias son naturales –por ejemplo, en lo más álgido de la guerra de Afganistán, Estados Unidos aportó cien mil hombres a la misión mientras que el resto de la OTAN aportó solo treinta y cinco mil hombres.

Trump ha capitalizado este desequilibrio para proponer además su agenda de «Estados Unidos Primero». Aparentemente Trump estaría dispuesto a desbandar la OTAN como también cancelar algunas importantes alianzas asiáticas y retirarse del Medio Oriente, una especie de «Trexit».

Para el presidente electo Trump todo, incluyendo las alianzas militares, es visto a través del prisma de las transacciones de negocios como un juego de «suma cero». Siguiendo con sus comentarios, Trump ha cuestionado uno de los más sacrosantos principios de la OTAN, el Artículo 5 que sostiene que el ataque a un estado miembro de la alianza es un ataque contra todos: la gente no está pagando su cuota justa y luego los estúpidos sostienen «pero tenemos un tratado». Exhibiendo un profundo tono aislacionista y quasi-xenófobo el Sr. Trump arremetió contra la idea de tener que defender países remotos que no están pagando sus cuotas correspondientes: «estamos protegiendo países que la mayoría de las personas en esta sala ni siquiera han oído hablar de ellos y luego terminamos en una tercera guerra mundial. ¡¡Por favor!!

Es muy probable que las divisiones de la OTAN sean enviadas a la primera línea y si esto no se maneja cuidadosamente conducirá al desmembramiento de la Alianza Atlántica. No se trata solo de las alianzas de Estados Unidos con Europa y la Alianza del Atlántico Norte que podrían fracturarse durante los cuatro años de gobierno del presidente Trump. Anteriormente él no solo había especificado a naciones europeas como Alemania, sino también a otros aliados de Estados Unidos como Japón y Arabia Saudita, amenazándolos que si resultaba elegido, Estados Unidos podría «retirarse» si ellos no pagan el costo completo del estacionamiento de soldados norteamericanos para la protección de esos países. El ex ministro de relaciones exteriores sueco Carl Bildt, reaccionó ante los comentarios de Trump sobre la OTAN señalando que «Yo nunca pensé que un serio candidato a la presidencia de Estados Unidos pudiera ser una seria amenaza contra la seguridad de Occidente. Pero así es la cosa.»

La canciller alemana Angela Merkel en su declaración felicitando a Donald J. Trump por su elección, incluyó una velada advertencia. Frau Merkel: Alemania y Estados Unidos están vinculados mediante valores: democracia, libertad, respeto por el derecho y la dignidad de los seres humanos, independientemente de su origen, color de piel, religión, género, orientación sexual u opiniones políticas. Sobre la base de estos valores, yo le ofrezco al futuro presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, una estrecha cooperación.»

El presidente de Francia Francois Hollande, fue aún más puntilloso en su declaración de «congratulación», señalando que la victoria de Trump «abre un período de incertidumbre». Hablando desde el Palacio del Eliseo el presidente Hollande dijo que desde ahora existe una necesidad mayor de una Europa unida, capaz de proyectar su influencia sobre el ámbito internacional y promover sus valores e intereses cuando estos sean cuestionados.

La jefa de política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, aludió a un tema parecido en su mensaje de tweet sobre el resultado de la elección refiriéndose a la necesidad de redescubrir «la fortaleza de Europa». En verdad, la elección de Donald Trump como presidente podría brindar un catalizador para una dramática concentración por parte de los europeos en torno a una organización separada y unificada de defensa europea. La elección de Trump podría traer como consecuencia aportar y acelerar una rápida lógica necesaria para a plena potencia avanzar hacia un nuevo ejército europeo, como lo describió Jean-Claude Junker durante el verano pasado en contraposición a la OTAN.

En riesgo está un principio fundamental de la estrategia norteamericana pos II Guerra Mundial de mantenerse fuera de los asuntos ajenos, cosa que no funcionó y de hecho contribuyó a crear guerras en el mundo, Trump lo rechaza y preferiría que Estados Unidos interfiriera menos en los asuntos de otros países. Trump, en particular pareciera rechazar los elementos centrales de la fortaleza de Estados Unidos en el mercado mundial y en el sistema de seguridad internacional y pareciera indiferente o incluso hostil hacia el compromiso transatlántico norteamericano pos II Guerra Mundial en la defensa europea, lo cual podría facilitar el surgimiento de una Comunidad Europea de Defensa a la par con la OTAN y eventualmente reemplazar a esta como el principal pilar de la seguridad europea, dándole a la Unión Europea una identidad y capacidad militar de carácter global.

Si Hillary Clinton hubiera sido elegida presidenta de Estados Unidos, entonces las actividades dirigidas hacia una postura común de defensa europea habrían tardado más y habrían sido más restringidas o quizás habrían involucrado hasta cierto punto a la OTAN. La OTAN habría seguido siendo la piedra angular del aparato de seguridad y defensa de Estados Unidos y en la elaboración política para Europa bajo el gobierno de Clinton, con iniciativas apuntando a fortalecer la importancia de la identidad y cohesión de la OTAN con planes diseñados para el fortalecimiento de la alianza.

Un aspecto positivo de la presidencia de Trump que irónicamente podría acelerar una divergencia entre Estados Unidos y Europa y causar honda alarma y división dentro de la OTAN, es la posibilidad de una Entente entre Rusia y Estados Unidos bajo los respectivos liderazgos del presidente Trump y del presidente Putin.

El presidente Trump muy posiblemente intentará adoptar una nueva y más estrecha relación entre Washington DC y Moscú, particularmente respecto a la lucha contra el ISIS en el Medio Oriente y estabilizar Siria.

La Unión Europea y la OTAN especialmente en los países de la Europa del Este, probablemente resistan esta iniciativa de una cooperación mejorada y de más estrechas relaciones entre Estados Unidos y Rusia, pero queda claro que un gobierno de Trump pondrá un énfasis mucho mayor en tomar en cuenta los intereses de Rusia antes de buscar la confrontación y el conflicto y no le brindará mucha consideración a las preocupaciones occidentales y de la Europa del Este. De tal modo que el triunfo de Donald J. Trump como presidente de Estados Unidos podría representar un realineamiento geopolítico de carácter sísmico y el fin de Occidente como lo hemos conocido. Occidente, desde el fin de la II Guerra Mundial podría fracturarse y hacerse obsoleto mientras que Estados Unidos podría desplazarse más cerca de Rusia en tanto que la Unión Europea se aleja de este.

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