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Guiándose por una lógica perversa y capciosa medios de comunicación del Occidente han desplegado una campaña sin parangón orientada a descalificar la política exterior de Rusia. En particular, se está culpando a Rusia de manera desenfrenada y con rabia feroz por las «acciones vandálicas» y «crímenes de guerra» presuntamente perpetrados en Siria. Para lograr este indecoroso objetivo se emplean las más sucias artimañas – desde declaraciones arbitrarias sin fundamento alguno y acusaciones sin pruebas hasta mentiras descaradas y falsificación de datos.
A veces se llega a lanzar contra Rusia amenazas directas, según las cuales nuestro país pagará un alto precio por su línea política independiente y será castigado con nuevos atentados terroristas en su territorio nacional. Se procura intimidarnos diciendo que «más y más soldados rusos serán enviados a su Patria en bolsas fúnebres».
Al mismo tiempo, los «bienhechores de Siria» omiten decir intencionadamente que Rusia, a diferencia de la llamada coalición amplia internacional encabezada por EEUU, está batallando contra el terrorismo internacional en Siria atendiendo la solicitud del Gobierno electo y legítimo de Bashar Al-Asad en estricta concordancia con el derecho internacional y la Carta de la ONU. Tampoco se acuerdan de su culpa primordial por haber desatado la espiral de cambios tectónicos en el Medio Oriente y haber engendrado ahí a diferentes grupos terroristas. El caos creado fue producto de un alocado afán de remodelar completamente la región según sus «patrones democráticos» y de imposición arbitraria de sus proyectos de «ingeniería geopolítica».
Cabe destacar, que Rusia tendió la mano a Siria en el momento más crítico, tras 4 años de una cruenta lucha contra los terroristas, en medio de la cual CIA (más detalles en el artículo «Plans to send heavier weapons to CIA-backed rebels in Syria stall amid White House skepticism» de la edición de «Washington Post» del pasado 23 de Octubre) y sus cómplices criaban y adiestraban a unos ficticios «opositores moderados», catalogados como terroristas «buenos», que se nutrían de un abundante apoyo financiero y militar. Vale subrayar, que una gran parte de los llamados «rebeldes» y sus cabecillas en Siria no provienen de la población siria que supuestamente busca mejoramientos políticos o sociales. Ellos conforman un ejército bien equipado, compuesto por matones «cortacabezas» dotados de carros de combate, modernos sistemas de misiles y hasta drones de asalto con armamento potente. Fue solamente merced a las acciones decididas de las Fuerzas Aéreas y Espaciales de Rusia que se logró revertir el curso de la lucha antiterrorista impidiendo que las banderas negras del «Estado Islámico» y «Frente an-Nusra» hondearan en Damasco y propiciando al desarrollo real de los esfuerzos dirigidos al arreglo pacífico en Siria.
Rusia está siendo acusada de todos los pecados capitales. Se nos imputa la muerte de la población civil como resultado de nuestros ataques. Se sacan en pantalla secuencias filmadas de civiles y sobre todo de niños huyendo de edificios derrumbados. Se comenta que son videos de testigos sin precisar que los mismos pertenecen a militantes terroristas. La otra fuente que consideran impecable e incuestionable es el tristemente célebre «Observatorio Sirio de Derechos Humanos». Los materiales que propaga este mal llamado Observatorio son puras falacias que salen del tintero de un aventurero británico de origen sirio que se hace pasar por toda una organización no gubernamental, siendo en realidad empleado de una pequeña oficina ubicada en un barrio residencial de Londres. No cuenta con capacidad analítica ni fuentes fidedignas. Pero por razones poco honestas las agencias informativas occidentales suelen referirse a dicha oficina como fuente veraz que presuntamente domina bien lo que sucede en Siria. Es así como tratan de vender un producto informático rancio y de mal sabor lleno de engaño y falsedad.
Con estas acciones la coalición internacional encabezada por EEUU busca distraer la atención, en particular, de lo que pasó en Dair az-Zor el pasado 17 de septiembre, cuando la aviación norteamericana bombardeaba las posiciones del Ejército sirio y acto seguido comunicaba que «eso fue un error». Nada más falso: primero, los bombardeos duraron una hora entera. Segundo, el portavoz del Mando Central de los EEUU, coronel J.Thomas, anunció que habían estado apuntando a estas posiciones por dos días. Vale recalcar, que la situación en la ciudad de Dair az-Zor, asediada por terroristas a lo largo de más de dos años, presenta una línea del frente que permanece invariable durante todo este tiempo y no se desplaza para uno u otro lado. Rusia y la ONU tiraron desde aviones para los habitantes defendidos por el Ejército sirio productos alimenticios y otros artículos de primera necesidad. Pero si en esta situación estática alguien trata de enfocar el fuego según los datos de la inteligencia, eso significa la falta de profesionalismo, o bien un ataque deliberado contra las tropas del Gobierno sirio que segó la vida de 62 soldados defensores de su Patria, y dejó más de 100 heridos. Tales son los «errores» de los protectores de la democracia occidentales. Y lo más probable, que esta vez como en el caso del bombardeo de 40 minutos sobre el hospital afgano de Kunduz, tampoco habrá culpables.
Pero el colmo del cinismo es la tergiversación de los hechos en la ciudad de Alepo. El nivel de desinformación y la histeria mediática en torno al Este de Alepo supera todo límite. Políticos y medios de comunicación occidentales no escatiman mentiras al presentar los materiales. La gran parte de las «evaluaciones internacionales» se basa en datos falsos y, de hecho, favorece a los intereses de los terroristas y sus patrocinadores extranjeros. Se crea la impresión de que la mayor parte de los daños a la población civil e infraestructura es causada por los ataques aéreos. Sin embargo, la población civil sufre las bajas incomparablemente mayores por los ataques artilleros de los militantes del «Frente an-Nusra» y EIIL, incluidos los de las municiones de impacto no-selectivo. De sus manos en las zonas pacificadas del oeste de Alepo mueren muchas personas cada día, mientras que los ataques aéreos de las Fuerzas Aeroespaciales rusas se efectúan contra objetivos previamente verificados, ubicados fuera de la zona residencial. Principalmente hacen diana en las columnas de combatientes y municiones que procuran obstinadamente irrumpir en la ciudad.
Se lanzan de manera maniática llamados de cesar con urgencia la operación militar del Ejército sirio apoyado por las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia, en Alepo, recurriendo a la gastada tesis sobre supuestas violaciones múltiples del derecho internacional humanitario. Atendiendo a solicitudes desde la ONU y partiendo de razones humanitarias Moscú y Damasco tomaron la decisión de declarar el alto el fuego en la parte oriental de la ciudad de Alepo, interrumpiendo temporalmente su operación militar contra los terroristas del «Frente an-Nusra» y aquellos grupos que se han juntado al mismo. Fueron creadas todas las condiciones necesarias para la salida libre de Alepo de la población civil y de aquellos mercenarios que habían manifestado su voluntad de dejar las armas, así como para asegurar la evacuación de enfermos y heridos. A los terroristas se les concedió la oportunidad de salir libremente hacia la frontera con Turquía o la ciudad de Idlib por dos corredores especialmente inaugurados para tales fines. Para la salida de la población civil fueron establecidos seis corredores humanitarios los cuales cuentan con puntos de comida caliente gratuita y de asistencia médica.
A su vez, los terroristas están realizando todo tipo de maniobras para obstaculizar e impedir la salida de la ciudad de la población civil y de sus cómplices que decidieron dejar las armas. Debido a la línea hostil y contraproducente asumida por el «Frente an-Nusra» y sus cómplices los corredores humanitarios se quedan bloqueados siendo objeto del fuego incesante por parte de los terroristas. Según los últimos informes, los grupos terroristas que actúan en Alepo siguen recibiendo armas y municiones, incluso los lanzamisiles antitanque TOW y sistemas antiaéreos portátiles de fabricación estadounidense.
Todo parece indicar que el pretexto de la catástrofe humanitaria es usado por los «bienhechores de Siria» para dar tregua y resguardo a los terroristas del «Frente an-Nusra». Se hace caso omiso de las atrocidades cometidas por los terroristas, incluyendo torturas, castigos, ejecuciones públicas y crímenes de lesa humanidad. Se ignora el hecho de que sobre los grupos terroristas recae la principal responsabilidad por la catástrofe humanitaria. Son responsables de los fracasados intentos de enviar los convoy humanitarios y brindar ayuda a la población civil. Además, aprovechando el régimen de alto el fuego los terroristas, al parecer, están realizando el reagrupamiento y preparación activa para lanzar una ofensiva con el fin de ayudar a sus secuaces bloqueados en la ciudad de Alepo.
Los «defensores del derecho humanitario» interponen sus iniciativas poco escrupulosas que no hacen más que obstaculizar el logro de la tarea primordial que consiste en separar a los terroristas del «Frente an-Nusra» y sus aliados de los llamados «grupos opositores moderados» en Alepo y llevar asistencia humanitaria a esta ciudad. Tampoco contribuyen a iniciar un proceso político real e inclusivo de acuerdo con la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU y las resoluciones del Grupo Internacional de Apoyo a Siria.
Al mismo tiempo, la operación que está realizando la coalición encabezada por EEUU en la ciudad iraquí de Mosul nos demuestra de nuevo la nefasta práctica de «doble rasero». Los numerosos ataques aéreos contra zonas residenciales (según las evaluaciones de la ONU dicha operación crea una amenaza real a 1,5 millones de habitantes), se presentan como una verdadera liberación de aquel sitio de los terroristas, mientras que los golpes puntuales de Rusia en Alepo se caracterizan como crímenes de guerra y masacres contra la población civil.
No cabe duda de que tales políticas arteras entorpecen los esfuerzos internacionales orientados a concertar acuerdos consensuados capaces de restablecer el cese a la beligerancia en Siria. Es cada día más obvio que los «amigos de Siria» pretenden encubrir a sus socios terroristas para seguir usándolos en función de sus planes obsesivos de derrocar al Presidente legítimo Bashar al-Asad, sin tomar en cuenta las consecuencias que tales pasos acarrean para el futuro de Siria y de la región en general.
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