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Después de los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001, casi la nación entera se hallaba sumergida en una onda de temor e ira. Se buscaba a Osama bin Laden pero como no lo podían ubicar, se lanzaron ataques en contra de los inmigrantes mexicanos. Pocos días antes del «9-11», activistas del movimiento pro derechos inmigrantes pretendían viajar a Washington para celebrar la aprobación de una ley de reforma migratoria. Después de los ataques aquel proyecto de ley murió en el Congreso. Se unieron demócratas y republicanos tras el proyecto de sacar a los indocumentados del país.
En aquel momento no nos dimos por vencidos y tampoco debemos hacerlo ahora.
Presentamos nuestras familias a la nación. Dimos nuestro testimonio en audiencias de gobiernos municipales, de condados, de estados y ante el Congreso federal. Tuvimos platicas con los sindicatos y con las iglesias. Nos organizamos y íbamos marchando juntos con millones de latinos, con o sin papeles. En Chicago empezamos el movimiento de santuario de nuevo. Nos movilizamos para elegir al presidente Obama bajo la promesa de una reforma migratoria durante sus primeros 100 días en la casa blanca.
Cuando Obama incumplió su promesa, marchábamos otra vez, hasta el punto nos concedió el programa DACA para los soñadores, justamente antes de su reelección. En la segunda administración de Obama nos manteníamos en pie de lucha. Logramos ganar la «discreción procesal», es decir, una política por la cual las autoridades migratorias sencillamente cierran los casos de indocumentados que tienen hijos que son ciudadanos estadounidenses y que han tenido una trayectoria de haber trabajado en este país, y permitir que permanezcan aquí. Al fin ganamos otra orden ejecutiva presidencial, la expansión de la DACA.
Ahora viene Trump. Ha prometido construir una muralla y deportar a los 11 millones de indocumentados, y hasta quitar la ciudadanía de aquellas personas que han nacido en los Estados Unidos con padres indocumentados. Como parte de su campaña electoral dijo que iba a cancelar el programa DACA que protege a los soñadores, que los iba a deportar a todos.
Ahora Trump habla de una cerca en lugar de una muralla. Dice que lo primero que hará es deportar a los que tienen records delictivos, mientras que cierre la frontera. Luego decidirá qué hacer con los demás de nosotros.
¿Qué cambió? Después de los ataques terroristas del 9-11 parecía que toda la nación estaba en contra de nosotros. En la elección de la semana pasada, Clinton y su partido demócrata ganaron por más de 2 millones de sufragios. Para ganar la elección por medio del Colegio Electoral, los republicanos tuvieron que recurrir a medidas como suprimir al voto afronorteamericano y latino, por medio de leyes racistas en los estados. En realidad Trump recibió menos votos que el candidato presidencial republicano anterior, en 2012.
¿Se acuerdan quien hizo campaña con Trump en Arizona? Sí, fue el infame comisario Joe Arpaio, el mata-inmigrantes de Arizona. En esta elección, los votantes latinos lo sacaron a patadas de su oficio.
Sí es cierto que los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso además de la Casa Blanca. Pero carecen del apoyo de la mayoría de los norteamericanos. Nosotros tenemos los números, que van en aumento todos los días. Todos los días también tendremos que luchar en contra de las deportaciones. Cada vez que alguien cae preso, será necesario movilizarnos. Lo hemos hecho antes y lo haremos otra vez.
El alarma ha sonado y estamos totalmente despiertos. El mundo ha dado otra vuelta.
Esta vez estamos empezando con la mayoría de nuestro lado.
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