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La nueva victoria electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua es una demostración de la vigencia y aceptación del planteamiento socialista en América latina y el Caribe. Resulta necesario poner en contexto el alcance político de dicha victoria electoral.
Después de la caída del muro de Berlin en 1989, hasta los más acartonados revolucionarios de academias y revisionistas del planteamiento marxista, huyeron a los brazos del postmodernismo filosófico y la doctrina económica neoliberal. La cobardía intelectual y la incomprensión de las causas que provocaron aquella estruendosa e infame caída del bloque soviético, secuestraron la defensa del socialismo, y reclutó para las filas de la reacción el oportunismo ideológico de los estructuralistas y los post-estructuralistas de limitada compresión histórica.
Sólo el pueblo de una isla, a escasas 90 millas del imperio más poderoso que ha conocido el planeta, que se consolidaba como hegemón político y económico del mundo después de la derrota del estalinismo, mantuvo ondeando las banderas del socialismo con la dignidad de ser el pueblo que echo de nuestra América el último enclave español, y con la grandeza de una dirigencia revolucionaria capaz de derrotar imperios con sus ideas. Osadía aquella que debió pagar con el criminal bloqueo económico que hoy condenan todos los países del mundo. La Cuba digna y revolucionaria que enfrento el asedio político internacional del imperio y sus gobiernos lacayos, no pudo ser aislada ni pudo ser silenciada. Siempre estuvo allí vigente como esperanza para la especie, para enseñarnos que otro modelo de sociedad es posible, un modelo de sociedad con el hombre en el seno de sus necesidades, de su cultura, de su compleja elaboración. Sin bajar ni negociar los principios del socialismo, ni las conquistas del pueblo cubano.
Así comenzó la década del 90, con el avance de la derecha internacional y persecución del movimiento de izquierda en América latina. El Comandante Chávez y su propuesta antiimperialista irrumpen como la expresión de los pueblos que se niegan a sucumbir ante el neo-coloniaje imperial. Levanta las maltratadas banderas del socialismo cuando ningún oportunista se atrevía a hablar de ello, logrando reagrupar a los pueblos del Suramérica y el Caribe alrededor de la izquierda revolucionaria de los sandinistas en Nicaragua, de los peronista en Argentina, de los sin tierra en Brasil, de la revolución ciudadana en Ecuador, de los indígenas Bolivianos, del frente Farabundo Martí en el Salvador. Respuesta popular que demuestra la convencida voluntad de estos pueblos saqueados por más de 500 años de construir una sociedad sin explotación, una sociedad socialista. Tiene la revolución bolivariana del Comandante Chávez, una gran incidencia en la reconstrucción política de la izquierda latinoamericana y caribeña, en la reivindicación de la dignidad de la revolución cubana y la recuperación del planteamiento socialista como modelo económico, político y social que salvará a la especie de la voracidad capitalista.
Hoy, a 44 meses del asesinato del Comandante Chávez, en medio del asedio que sufre la revolución bolivariana y la arremetida contra el modelo socialista venezolano, en medio de la recuperación de espacios por parte de la derecha en Argentina, Brasil, Paraguay y Honduras, el triunfo del Comandante Daniel Ortega y la propuesta socialista del FSLN en Nicaragua es esperanza para los pueblos explotados del mundo, es el más ferviente mensaje de vigencia y aceptación del planteamiento socialista en el corazón de nuestros pueblos, capaz de motorizar el amor, la solidaridad, la consecuencia y la lealtad que el reformismo socialdemócrata jamás convocará.
Es este resultado de los sandinistas enemigos del imperio, una derrota a la avanzada imperial sobre el continente. No asistirá Kerry ni Shannon a saludar el resultado, atacará la casa blanca la credibilidad de las instituciones Nicaragüenses, pero no habrá espacio en la Nicaragua de Sandino para maniqueísmos políticos y diplomáticos de los halcones del imperio. La dignidad y convicción de ese pueblo resuelto a ser libre nos da una histórica lección de patriotismo e internacionalismo en tiempos de golpes parlamentarios, derrotas electorales y abandono del planteamiento socialista.
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